Historias de nacimientos por Soledad Soberón

En la semana mundial del Parto Respetado, Soledad Soberón, licenciada en Obstetricia, nos relata algunas historias vividas con nacimientos en el Hospital Provincial Neuquén Dr. Eduardo Castro Rendón.

Soledad Soberón, licenciada en Obstetricia HPN

Allá por el año 2001 comenzaba a caminar los pasillos del Hospital Castro Rendón, recién recibida, con apenas 21 años, llena de temores pero con la certeza de que era el camino.

Me formé en el Servicio de Obstetricia del mismo hospital, hice experiencia en el ámbito privado pero mi lugar era el hospital público, pasaron unos años más hasta que  finalmente llegó el día de pertenecer al staff de licenciadas en obstetricia.

Mi historia como partera ya había comenzado, aprendí a ejercer la profesión, quizás por momento intervencionista y hace aproximadamente 4 ó 5 años es que comencé a reaprender prácticas saludables, biológicas y fisiológicas, entender a la persona gestante como la principal protagonista del nacimiento con su súper poder de parir, comencé a verme distinta en mi rol, en mi forma de acompañar y asistir nacimientos, me formé en diferentes opciones para mejorar la asistencia, busqué opciones para incorporar en la maternidad, me encontré con personas aliadas que acompañaron el proceso y en eso estamos, trabajando en el cambio de paradigma respecto a los nacimientos.

Así es que unas compañeras me sugirieron escribir algunas de las tantas historias que recuerdo, en esta oportunidad solo relataré 4 de ellas, aunque aclaro que los nombres son ficticios.

El Parto de Agostina  

Ella adolescente, unos 16 años, su primer embarazo, acompañada por su mamá, ingresa al servicio en trabajo de parto, nos conocimos en ese momento, intento iniciar vínculo con ella, intercambiar miradas, busco el contacto, quiero contenerla. 

Su mamá, llena de miedos, nos pedía intervención, que le pusiéramos un suero, que le rompiéramos la bolsa, hacía tres años de su último parto y le parecía que si interveníamos de esa manera iba a ser mejor. También intento contenerla a ella, le explico que la experiencia de Agostina es propia, que su trabajo de parto es espontáneo y que confié en el cuerpo de su hija, ella sabe parir.

En un momento, percibo que Agostina busca algo de qué agarrarse, le ofrezco  ir a la sala de partos porque allí podría utilizar la tela para colgarse, también podría usar el banco de parto o la pelota, con plena libertad de movimiento. Es así que llegamos a la sala de partos caminado, con luz tenue, con Coldplay de fondo (mi playlist favorita), está calentito, Agostina no me da tiempo de explicarle cómo puede utilizar la tela, se aferra a ella con plena confianza, es su gran aliada, su mamá no entiende bien que pasa, acompaña a Agostina, le explicamos y contenemos. Tras varias pujos, Agostina elige parir a su bebé en cuclillas, colgada literalmente de la tela, tuvo un parto suave y amoroso, inmediatamente tomó a su recién nacido en sus brazos, se abrazaron lxs tres con su mamá, lloraron de emoción. A mí me explota el corazón, feliz de haber podido acompañarlas.

El Parto de Emma

Con Emma ya nos conocíamos de partos anteriores, ella entiende y nos hace saber qué es lo que quiere para el nacimiento de su bebé. 

Ella lleva todos sus elementos, las cosas que elige usar, el calor local es su mejor opción, ésta vez ingresa para una inducción al parto, tenía indicación, en ésta oportunidad necesita de un suero, buscamos el lugar donde menos le moleste, ya nos conocemos, nos respetamos, nos escuchamos y acordamos los pasos a seguir. La dilatación no avanzaba tal como lo esperábamos, es entonces donde me pregunta qué podemos hacer, ofrezco opciones, una de ellas era romper la bolsa y pasar a sala de partos con todos sus utensilios, con su pareja y allí, en la banco de parto con la tela esperábamos el nacimiento; y así fue, que transcurrieron pocos minutos y el deseo de pujo se hizo presente, puja espontáneamente, sabe hacerlo, yo solo soy espectadora, llega el momento, me acerco a ellos, asisto el nacimiento de manera suave, cuidada y amorosa. 

Ella eligió el banco de parto para parir. Una vez más estábamos ahí, con un escenario parecido pero no igual, me siento comprometida con el vínculo.

El Parto de Paula

Paula llegó al hospital ya con dilatación completa, faltaba muy poco para el nacimiento de su segundo bebé, está acompañada por su pareja, nos conocemos allí y enseguida nos fuimos a sala de partos, le ofrezco  diferentes opciones para parir, ella elige el banco de parto, utiliza también la tela, en pocos minutos logramos vincularnos, estamos abrazadas, sentimos confianza, usamos barbijo, si, el COVID ya convivía con nosotros, realiza pujos espontáneos, falta menos, estamos en penumbras  y con el infaltable coldplay de fondo (siempre pregunto si puedo poner música y si quieren elegir ellas), llega el momento, también es un nacimiento suave, a su tiempo, amoroso, acompaño el proceso. Me emociona.

El Parto de Juli

Con Juli con conocimos de madrugada, ya tenía la dilatación completa, ella pujo mucho, buscamos varias opciones donde ella se sintiera más cómoda, estaba detenida en descenso de la cabeza por el canal de parto, ya había pasado poco más de una hora, estaba agotada, fuimos a sala de partos, con igual escenario, luz tenue, música, usó el banco de parto, la tela no, aun así no había cambios, en un momento percibo que Juli se siente bien estando inclinada hacia adelante, es cuando recuerdo que con Inés guardamos unos colchones para éstas ocasiones, lo traje, lo dejé sobre el piso, le ofrezco sentarse en el sillón de parto o bien, colocarse en cuadrupedia (apoyo de ambas manos y pies) sobre el colchón, ella elige ésta última, yo mera espectadora, uso mi propio taburete y observo, pasaron 10 minutos y el parto era inminente, nos preparamos, pienso y analizo posibles situaciones que tenga que resolver considerando que el cuerpo de Juli está de espaldas, me arrodillo en el piso, le pido a Juli que en el próximo pujo lleve el peso hacia sus manos, para darle espacio a su bebé para nacer, fue fabuloso, siento que mi corazón late fuerte, el nacimiento es súper suave, cuidado, no necesite de ninguna maniobra, solo acompañé el proceso, nace y llora espontáneamente, la neonatóloga también se agacha y nos acompaña en el piso, sí, estamos todxs en el piso, su pareja también. Ofrecemos a Juli girarse para poder agarrar a su bebé, lo hace y ahí mismo, se quedaron los tres, abrazados.

Cuanta gratificación siento, me siento afortunada de poder acompañar nacimientos, pero sobre todo éste tiempo de nacimientos donde la persona, en éste caso la mujer es la protagonista, donde como equipo pudimos garantizar el libre movimiento, la evolución espontánea, sentí un respeto profundo por quienes me estaban acompañando en ese momento, con plena confianza que Juli lo iba a lograr y así fue.

Llevo muchos años de mi vida haciendo guardias, siento el cansancio en mi cuerpo, pienso en otros espacios para acompañar estos momentos, confío que llegarán otros tiempos, por ahora siento esta profunda satisfacción de ser partera y de llevar el parto respetado en mi ejercicio profesional.

                                                                                                                      Soledad Soberón MP 123

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